Cajamarca ha recibido más de S/ 7,400 millones en canon minero en las últimas décadas. Y, sin embargo, sigue siendo una de las regiones con mayores niveles de pobreza en el Perú.
Algo hicimos mal. Mucho
Durante años, Cajamarca fue el epicentro del debate minero en el país. Las marchas repetían consignas que quedaron grabadas en la memoria colectiva: “Agua sí, mina no”, “Conga no va”. Para muchos, fue un rechazo a la minería. Pero en realidad era algo más profundo: el grito de una región que no veía reflejado en su vida cotidiana el desarrollo que se le había prometido.
En los años noventa, la llegada de Minera Yanacocha transformó la economía regional. Cajamarca pasó de ser una región predominantemente agrícola a convertirse en uno de los principales centros mineros de América Latina. Llegaron inversiones, llegaron recursos, llegó el canon. Pero el desarrollo no llegó con la misma fuerza.
Las carreteras siguieron deterioradas. Los servicios públicos avanzaron lentamente. Las oportunidades productivas para las comunidades fueron limitadas.
El dinero llegó. El desarrollo no
Ese vacío abrió la puerta a la desconfianza. Cuando el progreso prometido no se vuelve visible, alguien ocupa ese espacio. Así, un debate complejo terminó reducido a consignas simples. El conflicto alrededor del proyecto Conga fue la expresión más clara de esa ruptura entre expectativas sociales y gestión pública.
Con el tiempo, quedó una lección incómoda pero necesaria: la minería no fracasó en Cajamarca. Lo que fracasó fue la capacidad del Estado para transformar los recursos que genera la minería en bienestar tangible para la población.
El canon llegó. Los recursos llegaron. La gestión no
Y lo más duro es que, al llegar al 2026, muchas de esas brechas siguen intactas. Las vías que deberían conectar a Cajamarca con los mercados continúan deterioradas. La región no ha logrado desarrollar una base industrial sólida. La competitividad y productividad siguen rezagadas frente a otras regiones del país. La oportunidad existió, los recursos estuvieron disponibles, pero la capacidad de gestión para convertirlos en desarrollo tangible ha sido limitada.
Mientras Cajamarca discutía su futuro, el mundo empezó a cambiar
Hoy vivimos la mayor transformación energética de la historia. La electrificación, las energías renovables y la digitalización están impulsando una demanda creciente de minerales críticos, especialmente cobre. Y Cajamarca vuelve a aparecer en el radar global.
Proyectos como Michiquillay, Galeno, La Granja y Reposición Shahuindo, junto con iniciativas como Coimolache Sulfuros y Yanacocha Sulfuros, representan una oportunidad histórica. En conjunto, podrían movilizar más de 16 mil millones de dólares en inversión.
La oportunidad es enorme. Pero también lo es la responsabilidad
A este contexto se suma un factor que no podemos ignorar: el Perú está perdiendo competitividad minera a nivel regional. No por falta de recursos, sino por la creciente incertidumbre en el entorno de inversión. De acuerdo con el Fraser Institute, el país ha retrocedido en los últimos años en el ranking de atractividad minera, quedando por detrás de economías como Chile, Brasil y Colombia, e incluso de provincias argentinas que hoy ofrecen condiciones más estables. Es una señal clara de alerta.
Esto ocurre en un momento crítico. Mientras el mundo demanda más cobre que nunca, el Perú enfrenta problemas que no son geológicos, sino institucionales: exceso de trámites, demoras en permisos, conflictos sociales mal gestionados y falta de seguridad jurídica. Cuando la confianza se debilita, la inversión migra. Cajamarca, con todo su potencial, no solo compite dentro del país por una mejor gestión: compite contra el mundo.
Treinta años de experiencia dejaron una lección clara: los conflictos sociales no nacen del mineral. Nacen cuando las comunidades sienten que el desarrollo pasa por su territorio, pero no llega a sus vidas.
El comunero no solo quiere empleo. Quiere emprender, proveer y crecer. Cuando los emprendedores locales participan en la cadena de valor, el desarrollo se vuelve visible. Y cuando el desarrollo se vuelve visible, el conflicto pierde fuerza.
Por eso Cajamarca necesita hoy algo más que nuevos proyectos mineros. Necesita un nuevo pacto de gobernanza. Un pacto donde Estado, empresa, academia y sociedad civil trabajen juntos bajo el modelo de la cuádruple hélice, con foco en educación de calidad, transferencia tecnológica e innovación productiva.
La minería puede generar recursos. Pero solo una buena gobernanza puede convertir esos recursos en desarrollo
Hoy existen herramientas que pueden acelerar ese proceso: Obras por Impuestos, Asociaciones Público-Privadas y acuerdos Gobierno a Gobierno. Proyectos como la Presa del Chonta, Pozos Tubulares, las vías de evitamiento, sistemas de agua potable rural, hospitales y colegios modernos pueden ejecutarse con mayor eficiencia si se usan estos mecanismos. La pregunta ya no es si tenemos recursos. La pregunta es si tenemos la capacidad de gestionarlos con visión.
El reto no es producir más minerales. El verdadero reto es gestionar bien la riqueza que estos generan.
Pero hay una responsabilidad que tampoco podemos eludir: la del voto. Durante décadas hemos elegido autoridades por discursos o promesas fáciles que no se traducen en gestión pública eficiente. Cajamarca necesita ciudadanos más informados, más exigentes y más comprometidos.
No podemos seguir siendo solo habitantes. Tenemos que convertirnos en ciudadanos
Si queremos que la minería genere desarrollo, necesitamos autoridades capaces de gestionarlo. Más técnicos que políticos. Con visión de largo plazo y proyectos con horizonte al 2050.
Cajamarca tiene una nueva oportunidad histórica. En los próximos 20 años, el mundo necesitará tanto cobre como el utilizado en toda la historia de la humanidad.
El cobre puede estar bajo nuestro suelo.
Pero el desarrollo dependerá de lo que seamos capaces de construir sobre él.
Y la pregunta es inevitable:
¿Aprenderemos de los últimos treinta años o volveremos a repetir los mismos errores mientras Cajamarca sigue encabezando las estadísticas de pobreza del país?
Cajamarca no puede darse el lujo de perder otra oportunidad.

