La dignidad de ser minero: el oficio que construye la nación

Por Juan Carlos Cubides Medina
Ingeniero de minas y presidente de la FNM

Durante años, miles de hombres y mujeres han dedicado su vida a una labor que pocas veces recibe el reconocimiento que merece: la minería. Detrás de cada gramo de oro, de cada tonelada de carbón, de cada bloque de piedra caliza, de cada esmeralda, de cada kilogramo de níquel, cobre, hierro y de todos los demás minerales que produce la minería colombiana, existe el esfuerzo, la disciplina y el compromiso de miles de trabajadores que, día tras día, enfrentan las condiciones más exigentes para transformar los recursos del subsuelo en bienestar, empleo, infraestructura y desarrollo para Colombia.

Cada mineral extraído representa mucho más que una materia prima: simboliza el sacrificio de hombres y mujeres que trabajan con responsabilidad y dedicación, impulsando el crecimiento económico, fortaleciendo las regiones y contribuyendo al progreso de la Nación. Reconocer su labor es reconocer el papel fundamental que desempeña la minería responsable como motor del desarrollo sostenible y de la prosperidad de los colombianos.

Ser minero no es una vergüenza. Es un motivo de orgullo. Es ejercer un oficio digno que ha acompañado la historia del país desde las culturas precolombinas y que continúa siendo fundamental para el crecimiento económico, la generación de empleo y el bienestar de millones de colombianos.

Sin minería no existirían las carreteras, los hospitales, los puentes, las viviendas, las redes eléctricas, los computadores, los teléfonos celulares, los vehículos eléctricos, los sistemas de transporte, las escuelas ni gran parte de la infraestructura que sostiene la vida moderna. Cada avance tecnológico y cada proyecto de desarrollo tienen su origen, en mayor o menor medida, en los minerales que la naturaleza ha puesto al servicio de la humanidad.

El carbón colombiano ha sido durante décadas uno de los principales productos de exportación del país y una importante fuente de divisas, regalías y empleo. El oro fortalece las reservas, dinamiza las economías regionales y representa el sustento de miles de familias. El níquel es indispensable para la fabricación de aceros especiales y baterías. Las esmeraldas posicionan a Colombia como referente mundial por su calidad. Los materiales de construcción hacen posible la infraestructura que conecta a las regiones y mejora la calidad de vida de los ciudadanos.

La minería legal no solo extrae recursos; también impulsa cadenas de valor que involucran transporte, comercio, ingeniería, servicios, manufactura y tecnología. Por cada empleo directo en el sector, se generan múltiples oportunidades en otras actividades económicas, convirtiendo a la minería en un motor de desarrollo regional y nacional.

Por eso resulta preocupante cuando, desde algunos escenarios, se descalifica de manera general a quienes ejercen esta actividad. Comparar o equiparar a los mineros con quienes participan en actividades criminales desconoce el trabajo honesto de miles de colombianos que cumplen la ley, pagan impuestos, generan empleo y contribuyen al desarrollo del país.

La crítica a prácticas ilegales o a conductas individuales no debe convertirse en un juicio sobre toda una profesión que ha sido esencial para la historia y la economía nacional.

La verdadera discusión no debe ser si Colombia necesita minería, sino cómo fortalecer una minería legal, responsable, segura y ambientalmente sostenible, que combata con decisión la extracción ilícita y promueva altos estándares técnicos, sociales y ambientales.

También es necesario motivar a quienes se encuentran en la informalidad a ser parte de la legalidad, deslegitimando la idea equivocada de que basta quitarle la letra “i” a lo ilegal para ver el mundo de una mejor forma.

En ese contexto, quienes respaldan el proyecto político denominado Patria Milagro, liderado por Abelardo de la Espriella, plantean que un eventual nuevo gobierno tendría como uno de sus objetivos recuperar la confianza en el sector minero, brindar seguridad jurídica a la inversión, fortalecer la institucionalidad, combatir la minería ilegal y reconocer públicamente la dignidad de quienes viven de esta actividad.

Desde esa visión, la minería volvería a ser considerada un aliado estratégico para el crecimiento económico, la generación de empleo y la reducción de las desigualdades regionales.

La construcción de una nueva Colombia requiere aprovechar de manera responsable todas sus fortalezas. La riqueza minera del país no debe ser vista como una maldición, sino como una oportunidad para financiar educación, salud, infraestructura, ciencia, tecnología y desarrollo social, siempre bajo reglas claras, transparencia y respeto por el medio ambiente y las comunidades.

Redignificar al minero es reconocer que detrás de cada proyecto legal existe conocimiento, sacrificio, disciplina y compromiso con el progreso nacional. Es entender que el desarrollo sostenible no se alcanza enfrentando la producción con la conservación, sino integrándolas mediante instituciones fuertes, innovación y responsabilidad.

La patria que muchos colombianos anhelan necesita reconciliarse con quienes producen riqueza de manera honesta. Necesitamos aprender a valorar el trabajo bien hecho, fortalecer la legalidad y promover una economía capaz de generar oportunidades para todos.

En esa tarea, el minero colombiano no debe ser señalado ni estigmatizado; debe ser reconocido como uno de los protagonistas de la construcción de una nación más próspera, más justa y con mayores oportunidades para las generaciones presentes y futuras.

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Etiquetas: colombia, dignidad minera, FNM, formalización minera, Juan Carlos Cubides, minería colombiana, minería legal, minería responsable
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