La sostenibilidad y la innovación en los sectores estratégicos del Perú, como la minería y la energía, dependen hoy de una variable crítica: el cierre de la brecha de género en las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Aunque el empleo femenino en minería se disparó un 94.9% entre 2015 y 2024, la base de la pirámide profesional sigue mostrando una disparidad que se origina mucho antes de la etapa laboral: en las aulas escolares.
El diagnóstico: Una brecha que nace en la escuela
La falta de referentes y estímulos tempranos condiciona el talento que ingresa al mercado. Las cifras actuales reflejan un desafío estructural que limita el acceso a sectores intensivos en tecnología:
- Participación en investigación: Según RENACYT, las mujeres representan solo el 34.1% de los científicos en Perú, frente al 65.4% de hombres.
- Contexto Global: La UNESCO reporta que las graduadas en carreras STEM se mantienen estancadas en un 35% a nivel mundial durante la última década.
- Competitividad Nacional: El Global Gender Gap Report 2025 ubica al Perú en el puesto 57 de 148 economías, subrayando la urgencia de integrar a la mujer en la fuerza laboral técnica.
Kuraq Ñañayki: Mentoría para el relevo generacional
Ante este escenario, el programa Kuraq Ñañayki, impulsado por Women in Mining (WIM Perú), se ha consolidado como un puente entre la educación secundaria y la industria. Durante el 2025, la iniciativa logró impactar a 3,892 estudiantes en 15 regiones, enfocándose en alumnas de tercero a quinto de secundaria.
A través de talleres de geología, química, programación y minería, las estudiantes interactúan con mentoras universitarias y profesionales, rompiendo el sesgo de que estas son carreras exclusivas para varones.
“Buscamos despertar vocaciones tempranas, demostrando que es posible construir una carrera profesional en sectores fundamentales para el desarrollo sostenible del Perú”, destacó Nahil Hirsh Carrillo, presidenta de WIM Perú.
El respaldo corporativo como motor de cambio
El sector privado juega un rol determinante en este ecosistema. Compañías como la consultora global Ausenco han integrado estas mentorías en su estrategia de responsabilidad y diversidad, aportando especialistas para guiar a las futuras líderes.
Cynthia Gallardo, gerente de control de proyectos en Ausenco, enfatiza que la diversidad no es solo una meta ética, sino un imperativo de negocio:
“Creemos firmemente que la diversidad impulsa la innovación. Promovemos que más niñas se visualicen como futuras científicas y líderes del sector”.
Hacia una industria más competitiva
En conclusión, la reducción de la brecha de género no es solo un objetivo de equidad, sino una necesidad económica. Formar el capital humano que el país requerirá en la próxima década exige una intervención directa en la orientación vocacional escolar. Programas de colaboración multisectorial son, por lo tanto, la clave para sostener el crecimiento y avanzar hacia una industria más diversa e inclusiva.

















